El ventilador de El Bohemio giraba con esa lentitud que anuncia las conversaciones incómodas. Sobre la mesa del rincón, Anacleto había desplegado una serie de recortes. Algunos mostraban titulares sobre la petición de cerrar «Con el Mazo Dando». Otros, capturas de pantalla de opositores que criticaban el programa… mientras lo veían.
Yo estaba allí, como siempre, al lado de Anacleto, tomando nota de lo que se decía. A su alrededor, la profesora, el pichón de periodista, el coronel retirado, el boticario, el viejo periodista, el sindicalista, Carmen, la estudiante de sociología y algunos parroquianos, esperaban con esa atención de quien no viene a que le digan qué pensar, sino a pensar en voz alta.

El pichón de periodista arrancó como de costumbre. «Anacleto, la opudrición está pidiendo que cierren «Con el Mazo Dando». Dicen que es un programa de chismes, de mentiras, de odio. ¿Usted qué cree?»
Anacleto no respondió de inmediato. Encendió un cigarrillo con esa parsimonia de quien sabe que las grandes ironías no se entienden con prisas. Exhaló el humo hacia el techo y lo vio deshacerse contra las aspas. «Camarita, ahí está la primera contradicción. Si es un programa de chismes y mentiras, ¿para qué lo ven? ¿Para qué lo comentan? ¿Para qué lo citan? Nadie pierde el tiempo viendo lo que considera falso. Nadie se molesta en criticar lo que no le importa. El que pide cerrar un programa es porque lo ve. Y el que lo ve es porque le teme. Y el que le teme, ¿por qué será?»
La profesora, con ese dejo de ironía que no disimulaba, desplegó un informe sobre el programa. «Anacleto, «Con el Mazo Dando» se transmite los miércoles, desde hace años, por Venezolana de Televisión. Su conductor es Diosdado Cabello. La oposición lo detesta, pero según usted mismo ha documentado, muchos de sus dirigentes lo ven. Nitu Pérez Osuna, Carla Angola, la Katuar, Miguel Ángel Rodríguez. Todos dicen que no lo ven. Pero todos saben lo que dijo Cabello.»
Anacleto apagó un cigarrillo y encendió otro, su ritual del pensamiento. «Ahí está el detalle que los delata, mi estimada profesora. Si no lo ves, ¿cómo sabes lo que dijo? Si no lo ves, ¿cómo lo comentas? Si no lo ves, ¿cómo lo criticas? La respuesta es sencilla: sí lo ven. Y lo ven porque cada miércoles les toca la fibra. Porque Cabello no habla de ellos en abstracto: habla de ellos con nombre, con apellido, con expediente. Y eso, camarita, les da terror.»
El coronel retirado, con su voz grave de quien ha visto muchas batallas difíciles de ganar, se inclinó sobre la mesa. «¿Y por qué les da terror? Si todo lo que dice es mentira, no deberían temerle. Deberían más bien desmentirlo.»
Anacleto apagó el cigarrillo contra el cenicero de latón, tamborileó con sus dedos sobre la mesa y respondió: «Coronel, ahí está la clave. No le temen al chisme. Le temen a la trazabilidad. Cuando Cabello dijo que a la Machado le habían quitado la visa de Estados Unidos y le habían pedido que se fuera del país, ¿era verdad o era mentira? Ahí está la realidad. Cuando dijo que la Machado tiene problemas en Panamá, ¿es verdad o es mentira? Pregúntenle a Mulino. La información que da Cabello no es inventada: es verificada. Y eso es lo que les duele. No que mienta. Que acierte.»
Hizo una pausa. Carmen le acercó un café sin preguntar. Anacleto dio un sorbo antes de continuar. «Pero hay algo más profundo. El chavismo los llena de terror porque ven a Diosdado Cabello como un elemento de competencia política. Y Diosdado tiene arrastre gigantesco en el chavismo. Ellos quieren anular la posibilidad de otra figura tipo Chávez. Y Cabello, les guste o no, tiene ese peso. Por eso piden cerrar el programa. No porque mienta; porque informa. No porque ofenda; porque compite.»
El boticario, fiel a su papel de ingenuo estratégico, movió la cabeza. «Pero Anacleto, ¿y el rating? Dicen que el programa tiene poco rating.»
Anacleto sacó su pañuelo a cuadros para secarse el sudor de la frente. «Boticario, ahí está la mentira más grande. Si el programa tiene poco rating, ¿por qué lo comentan tanto? Si nadie lo ve, ¿por qué les preocupa? Si es irrelevante, ¿por qué piden cerrarlo? El rating no se mide solo en encendidos. Se mide en conversación. Y de eso, camarita, «Con el Mazo Dando» vive.»
La estudiante de sociología, que había estado tomando notas, levantó la mano. «Anacleto, ¿y la cartelera? Dicen que el programa se dedica a difamar a la oposición.»
Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada. «Mi niña, la cartelera no la inventa Cabello. La cartelera la publican ellos mismos en sus redes. Lo que hace el programa es recoger lo que ellos dicen y ponerlo en pantalla. Si les da vergüenza verse, no es culpa del espejo. El que se mira en el espejo y no le gusta lo que ve, no rompe el espejo: cambia de cara. Pero ellos prefieren romper el espejo. Y eso, camarita, se llama censura.»
El viejo periodista, con esa sabiduría de quien ha visto demasiados «ires y venires», soltó la libreta, encendió un cigarrillo e intervino. «Anacleto, Galeano escribió que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respeto». ¿No es esto una lección de solidaridad horizontal?»
Anacleto sonrió, esa sonrisa de quien sabe que la hipocresía, cuando se disfraza de virtud, termina por desnudarse sola. «Exacto, camarita. La solidaridad no es cerrar el programa del que no me gusta. La solidaridad es debatir con él, confrontarlo, responderle. Pero ellos no quieren debatir; quieren silenciar. Porque el que debate se expone a perder. Y el que silencia, ya perdió: Ya perdió porque no tiene argumentos; ya perdió porque no tiene información; ya perdió porque no tiene pueblo.»
Carmen, desde la barra, dejó el trapo y se apoyó en el mostrador. «Anacleto, y la gente que dice que Cabello es un peligro para la democracia. ¿Qué le dice usted a esa gente?»
Anacleto se levantó y caminó hacia la barra. Carmen le sirvió un café sin preguntar. Se sentó en el taburete, de espaldas a la mesa, y con voz clara y alta, soltó: «Carmen, le digo que la democracia no se defiende cerrando programas. Se defiende abriendo debates. La democracia no le teme a la información. Le teme a la mentira. Y aquí, el que miente es el que pide censura y el que informa es el que se sienta a hablar. Cabello lleva años hablando, ellos llevan años tapando. La diferencia es esa: uno habla, los otros esconden.»
El sindicalista, con su voz grave de hombre de calle, golpeó la mesa con el puño. «Anacleto, ¿y el pueblo? ¿Qué dice el pueblo?»
Anacleto se levantó y caminó hacia el ventanal. Se notaba pensativo, con esa meditación de quien sopesa cada palabra antes de soltarla. Carmen le sirvió otro café sin preguntar. Se sentó nuevamente en el taburete, de espaldas a la mesa, pero con la voz clara y fuerte dijo: «Camarita, aquí en El Bohemio no se habla sobre el pueblo; se habla desde el pueblo. Y el pueblo, cuando quiere saber de política, no se queda con el rumor. Ve el programa que le da información, así le duela; ve el programa que le da datos, así le incomode; ve el programa que le da trazabilidad, así le pese. Porque el pueblo no es tonto. El pueblo sabe distinguir entre el que informa y el que vende. Y «Con el Mazo Dando» informa. Por eso lo ven. Y por eso quieren cerrarlo.»
El coronel retirado, con su experiencia de mil batallas, se inclinó sobre la mesa. «Y entonces, ¿qué puede pasar?»
Anacleto exhaló una bocanada de humo con lentitud deliberada, tratando de hacer aros con él, sin lograrlo. «Coronel, no lo sabemos. Puede que lo cierren, puede que no; puede que lo saquen del aire, puede que lo pasen a otro horario. Pero lo que sí sabemos es que el miedo no se cierra con un decreto. El miedo se queda. Y mientras el miedo se quede, el programa seguirá siendo visto. Porque el que teme, ve. Y el que ve, aprende. Y el que aprende, no se deja engañar.»
Se levantó de la barra y caminó lentamente hacia la puerta. Me hizo una seña. Se detuvo en el umbral, se medio volteó, con esa costumbre que ya es su sello y sentenció: «Camaritas, hay un refrán venezolano que lo dice todo: «El que se pica, es porque ají come». Y aquí, los que se pican son los que ven el mazo; los que lo ven y después dicen que no lo ven, los que lo ven y después piden cerrarlo; los que lo ven y después se quejan de que los difaman. Si les molesta tanto, que no lo vean. Pero no pueden. Porque el mazo, camarita, no es un programa de chismes. Es un espejo. Y el espejo no se cierra. El espejo se rompe. Y el que rompe el espejo, se queda sin cara.»
Salió y yo detrás de él. La puerta de El Bohemio se cerró con un golpe suave. Afuera, Maracaibo seguía su curso, con su sol ardiendo, su calor y su terquedad infinita. El ventilador siguió girando. Y en el silencio de El Bohemio, la pregunta quedó flotando en el aire, como el humo que todavía no se disipa: ¿A qué le temen realmente los que piden cerrar el mazo: a la mentira, o a la verdad que los retrata?
El cadáver del rating que no se mide en encendidos – Si «Con el Mazo Dando» tuviera poco rating, nadie pediría cerrarlo. La lógica es simple: lo que no se ve, no se comenta. Lo que no se comenta, no se critica, lo que no se critica, no se pide cerrar. Pero la opudrición lo comenta, lo critica y pide cerrarlo. Eso significa que lo ve. Y si lo ve, el rating no importa. Lo que importa es la conversación. Cada miércoles, el programa se convierte en tendencia porque sus detractores lo citan, lo desmienten, lo atacan. Y en ese ataque, lo promocionan. La paradoja es cruel: los que piden cerrarlo son los que lo mantienen vivo. Porque el que se pica, ají come.
El cadáver de la trazabilidad que los delata – La diferencia entre un chisme y una información es la trazabilidad. Cuando Diosdado Cabello dijo que a la Machado le habían quitado la visa estadounidense y le habían pedido que saliera del país, la oposición lo llamó mentira. Semanas después, los hechos lo confirmaron. Cuando dijo que Machado tenía problemas en Panamá, la oposición volvió a llamarlo mentira. Y las preguntas incómodas al presidente Mulino confirmaron que algo había. Eso no es chisme: es información verificada. Y es precisamente lo que les duele. No que Cabello invente: que acierte; no que difame: que retrate. La trazabilidad es el cadáver que no pueden enterrar.
El cadáver del miedo a la competencia – El verdadero temor de la opudrición no es el contenido del programa. Es el conductor. Diosdado Cabello tiene arrastre en el chavismo, experiencia política, redes de información y capacidad de convocatoria. Para la oposición, eso es una amenaza mayor que cualquier discurso. No piden cerrar «Con el Mazo Dando» porque sea ofensivo. Piden cerrarlo porque compite. Porque puede convertirse en una figura de peso nacional. Porque les recuerda que el chavismo no es solo un gobierno: es un movimiento con cuadros. Y mientras ellos debaten entre el exilio y la diáspora, Cabello está en pantalla, cada miércoles, hablando con el pueblo. Ese es el miedo real. No el chisme. La competencia.
El Pepazo
Fuente original: Diario Digital El Pepazo https://elpepazo.com
https://elpepazo.com/le-tienen-miedo-al-mazo-no-al-chisme/?fsp_sid=93944











